
Acerca de
Pareja amante atractiva y cuidada disfrutando juntos de situaciones muy morbosas.
Eres bienvenid@ si:
- te gusta disfrutar, experimentar y jugar
- no buscas solo un mete-saca
Lee la historia que aparece a continuación. Si te resuena, eres la persona que buscamos.
La puerta estaba entornada. Entré en la habitación 214 sin saber qué podía encontrarme. Lo habíamos hablado por , aunque intuía que me esperaría alguna sorpresa más. Su única petición había sido clara: vestido ceñido con cremallera trasera y zapatos de aguja que ya empezaban a molestarme.
—Cierra los ojos y date la vuelta —me dijo
La habitación estaba a oscuras, iluminada solo por velas, con una fragancia a vainilla que envolvía el ambiente.
Se acercó por mi espalda mientras yo apoyaba las manos en la puerta. Me colocó un antifaz que no me permitía ver nada.
—Hola, preciosa. Qué ganas de comerte… —susurró.
Sentí su beso en el cuello mientras bajaba la cremallera del vestido. Estaba sin camisa, y noté su piel rozando mi espalda.
Separó mi ropa interior hacia un lado y comprobó con sus dedos lo húmeda que ya estaba. Noté cómo se arrodillaba, cómo me acariciaba las piernas y cómo colocaba unas esposas en mis tobillos.
—Ven, gatita. Ven a saborearla… disfruta de lo rica que está —dijo, pero no me hablaba a mí.
Había otra persona en la habitación. Una sorpresa que no me esperaba...
Alguien se colocó entre mis piernas y me lamió con mucho esmero. Noté una cadena y entendí que llevaba un collar… y una correa.
—Ven, abre la boca, gatita —ordenó él.
Escuché cómo saboreaba algo y, al momento, noté cómo un plug con cola se introducía en mí. La gatita había lamido el plug que él acababa de meterme en el culo.
—Por favor, déjame verte… déjame veros… déjame besarte —supliqué.
—No, marquesa —había decidido llamarme así—. Todavía no.Y de repente sentí cómo intentaba penetrarme.
—Despacito, por favor.
—No, marquesa. No será despacito.
Me dio varios azotes y entró bruscamente.
La gatita seguía acariciándome mientras él me embestía por detrás. Sin poder ver, sin poder tocar, sin poder separar más las piernas por las esposas, la intensidad me desbordó… y me corrí.
Poco después, entre gemidos, él ordenó:
—Ven, gatita. Ven, abre la de moverse y se liberó en su boca.
Fue nuestra primera vez los tres juntos.
La habitación 214 presenció muchas escenas como aquella.
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