Hace ya unos 17 ó 18 años, yo tendría treinta y pocos, una tarde cualquiera, una visita de trabajo en una ciudad cualquiera. Me recibió Miguel, atento, educado y recién jubilado, me explica cual es la idea de proyecto, tomo medidas y comentamos como lo podemos hacer, una conversación fluida, agradable, se le nota que es locuaz y coherente, estaba terminando la visita cuando llegó ella. - Te presento a Carmen, mi mujer, - dijo. Carmen era unos 10 años menor que el, 1, 60 de altura unos 65kg. metidita en carnes, ojos verdes, morena, voluptuosa, seguía conservando la belleza de tiempos pasados y poseía un encanto cautivador, me ofreció tomar una copa antes de irme y no me pude negar. Tenían una fuerte conexión entre ellos y desde el primer momento pude apreciar que podía ofrecerles algo más. La conversación discurrió sin forzarla por esos derroteros donde la moral normalmente no permite. - ¿Que te parece mi mujer? - ¿Has visto lo guapa que es? - Mira que firmes tiene los pechos ¿Te gustaría tocarlos? - Tócalos - Dijo ella poniéndose frente a mi y dejándolos a la altura de mi vista. - ¿Os gustaría follar? - Dijo el, - Yo solo miro. - A mi me apetece - Dijo ella mientras se dejaba caer el vestido - Será un gusto complaceros - dije mientras mi mano se colaba en su entrepierna. Estaba caliente, note la humedad de sus bragas al instante, sus tetas ya estaban rodeando mi cabeza, ese pedazo de tetas grandes, con caída natural, enormes aureolas y pezones como garbanzos, duros y jugosos, me enganche a ellas como si de ello dependiera mi vida mientras la polla se asfixiaba en mi bragueta. No se en qué momento acabamos en el dormitorio, Comí y bebí de sus mieles hasta intoxicarme de lujuria, la hice gozar repetidamente mientras él disfrutaba del espectáculo grabándonos y masturbándose, mi lengua y mi polla recorrieron todos los recovecos de su cuerpo hasta que, a petición del cornudo, terminé derramándome en su interior. Ella estaba exhausta, yo desfallecido y Miguel quiso soltar su leche junto con la mía. Fue la primera vez que me follé a una mujer con permiso de su marido. En estos años, de vez en cuando suena mi teléfono, ella me dice que me echa de menos y yo no puedo más que acudir a su llamada, a veces está el, otras veces no, pero siempre acabamos sumidos en gozo... y en semen.