En la empresa donde trabajo me mandaron a instalar una nueva máquina en una industria que ya había estado varias veces realizando mantenimientos y reparaciones. Al pensar en esta industria y como realizar los trabajos, me viene a la cabeza una chica que conocí allí. Era la guardia de seguridad, una chica con el pelo largo, morena siempre con coleta. Un cuerpo trabajado de gimnasio con unos buenos pechos y un buen trasero y muy guapa de cara.
Al recordarla, empecé a pensar en las situaciones en las que había hablado con ella, llamémosla Laura. La primera vez al terminar mi trabajo y salir, al despedirme y decirle "hasta luego", me dijo: "Eso querría yo", pero no entendí nada. La siguiente vez, al llegar, se mostró muy amable y sonriente y estuvo un buen rato hablando conmigo mientras esperaba la autorización para entrar. Al salir y volver a decirle "Hasta luego", me suelta: "A ver si es verdad", y así 2 o 3 veces más. Me quedo pensando, y sí, me doy cuenta que me cuesta pillar las indirectas. Hasta ahora no había caído, me estaba pidiendo algo más y yo sin percatarme.
Así que llega el día de la instalación y yo dándole vueltas a lo sucedido hasta entonces. A ver si está y consigo hablar con ella y ver si realmente sus intenciones son lo que yo me imagino. Al llegar a la puerta, me acerco a la garita y allí está ella, con ese uniforme que tan bien les sienta a las mujeres. La camisa blanca ceñida con un par de botones desabrochados que dejan ver sus pechos y el sujetador de encaje y esos pantalones apretados sin bolsillos detrás que marcan ese precioso culo y con su porra y esposas colgando del cinto. Buff, me pone caliente verla con ese uniforme. Total que al verla me alegro y mi cara cambia por completo.
Y: Muy buenos días Laura, vengo a instalar la máquina, mira a ver si tengo todos los permisos.
L: Ahora lo miro, pero yo te doy todos los premisos que necesites -con una sonrisa picarona-.
Tras un momento comprobando el ordenador me dice que sí, que puedo pasar.
L: Veo que hoy la traes más grande... la furgoneta.
Y: Ah, sí, es que llevo la máquina que debo instalar.
L: A mí me gustan grandes... las furgonetas.
Y: Bueno Laura, hasta luego.
L: Aquí te espero.
Entro y me pongo con los trabajos. Es un trabajo largo que me lleva bastante tiempo. En una de tantas que salgo a por herramienta a la furgoneta me la encuentro fumando junto a la garita. Desde lejos, tal y como me voy acercando la voy escaneando de arriba a abajo. Su coleta morena, esa cara bonita con esos labios, esos pechos apretados por esa camisa tan ceñida y ese culito que tan bien marcan esos pantalones. Me pone caliente solo de verla. Me acerco a la furgoneta que está junto a la garita y me dice:
L: ¿Ya has terminado?
Y: No, vengo a por un par de herramientas.
L: Pues ya sabes, que cuando termines, yo aquí te espero.
Esto me da pie y empezamos a hablar de cosas intrascendentes y después de un rato le digo:
Y: ¿Quieres que vayamos a tomar algo después cuando termine?
L: Encantada, ya tardabas en pedírmelo. Toma mi número de teléfono. Después nos vemos.
Volviendo hacia dentro voy pensando: "Pues seré imbécil, ella queriendo y diciéndome cosas y hasta ahora no he sido capaz de darme cuenta. Por lo menos después nos tomaremos algo y a ver si surge algo más."
Continúo todo el día con la máquina y se complica tardando más de la cuenta y termino sobre las 6:30 de la tarde. Al salir me acerco a la garita a verla y de repente me encuentro a un señor barrigón de unos 60 años. Pregunto por Laura y me contesta que ya se ha ido, que ha terminado su turno a las 6. Mi gozo en un pozo, subo a la furgoneta y salgo de la industria, dándole vueltas. "Espera, que me ha dado el teléfono". Circulando despacio por el polígono busco el móvil para buscar su número y llamarla. De repente oigo a toda velocidad un coche por detrás de mí, me adelanta y se me cruza. Pego un frenazo y le pito. Del coche baja Laura con la porra en la mano amenazándome.
L: ¿No me habías invitado a tomar algo? A ver si te voy a tener que esposar.
Y: Cabrona, menudo susto me has pegado. Iba buscando tu teléfono y casi chocamos.
L: Aparca ahí - y me señala una zona del polígono, ella aparca delante y yo detrás de ella.
Se baja del coche y se viene hacia la furgoneta mientras yo hago maniobra y tal y como bajo:
L: A ver, ¿me la enseñas?
Le enseño toda la zona delantera.
L: La parte de detrás también, que quiero ver lo grande que es.
Le abro el portón lateral y se sube.
L: Guau, esto es enorme, aquí te puedes montar una fiesta. Sube.
Subo junto a ella y me cierra el portón. Se abalanza sobre mí besándome y abrazándome.
L: Cuánto tiempo llevo esperando esto y tu sin reaccionar.
Empieza a meterme mano a lo que yo le correspondo. Nos enzarzamos en una lucha de besos y sobeteos durante un rato. Empiezo a tocarle ese culo para continuar con sus pechos ella hace lo propio con el mío para después pasar a mi paquete. Ya calientes del todo procedo a desabrocharle la camisa y meter mi cabeza entre esas preciosas tetas, se las saco del sostén y empiezo a chuparlas y lamerlas, le gusta ya que va tirando la cabeza hacia atrás. Le succiono los pezones que cada vez se van poniendo más duros y ella empieza soltar gemiditos. Tras un rato así, ella se aparta y me desbrocha el pantalón y me lo baja junto a los calzoncillos hasta los tobillos. Se agacha frente a mi y me coge el pene.
L: Por fin, esto es lo que yo quería - y se lo mete en la boca y empieza a mamármela.
Estoy en el séptimo cielo mientras ella disfruta de mi miembro. Al cabo de un rato se ve que se ha cansado de la postura y me indica que me tumbe en el suelo de la furgona. Le obedezco y como puedo lo hago. Vuelve sobre mi miembro mamándomelo y de pronto empieza a hacerme una cubana con esas tetazas. Desde arriba ella va escupiendo entre sus tetas y mi polla, lubricando el momento. Se agacha sobre sus pechos y con la lengua llega a lamerme el glande. Yo desde mi posición tumbado la estoy mirando y gozando cada momento y se me escapa algún que otro gemido de placer.
L: Ya sabía yo que te gustaría. - y continúa.
Entre mis gemidos y los ruidos de saliva y chupetazos oímos unos ruidos fuera. Son unos niños que estarán jugando por el polígono y al ver la furgona moverse se han acercado y al oír los gemidos empiezan a gritarnos:
Niños: Fóllatela, dale duro papi. Más, más.- golpeando la furgoneta y entre risas oímos como se marchan.
Laura sigue con lo suyo, no ha prestado atención a los niños y ha continuado con su cubana con lengua. Yo estoy que ya no puedo más, voy a correrme. Se lo digo y me dice que me corra, que entre sus tetas y su boca no hay problema. Así que al poco empiezo a correrme saliendo casi todo hacia su boca que está esperándolo y el resto cayendo sobre sus tetas. Con un dedo lo recoge todo y se lo lleva a la boca. Se recompone la ropa y yo me subo los calzoncillos y los pantalones.
L: Esta muy bien la furgona y si no hay nada más, sería perfecta, pero mejor vamos a mi casa que está a 20 minutos de aquí.
La sigo con mi furgona hasta su casa y mientras subimos en el ascensor volvemos a entrelazarnos a besos y sobeteos. Llegamos a su piso y me hace entrar. Es un piso pequeño pero muy coqueto. Vamos a la cocina y comemos algo. Estamos hablando un rato y me dice que ya me tenía ganas de hace tiempo. Le explico que yo a ella también y que me pone mucho verla con la porra y las esposas, que no me va el sado pero que verla con ellas me pone muchísimo. Terminamos de cenar y me lleva al dormitorio. Tal y como entramos regula la luz dejándola tenue con un tono rojizo. Me dice que me tumbe que ahora sale. Se mete en el baño y al momento abre la puerta y me quedo abobado mirándola. Está bajo el marco de la puerta con el sostén y las bragas de encaje y el cinto puesto con la porra y las esposas. Las vistas no pueden ser más espectaculares con la luz blanca del baño marcando toda su figura y esa porra colgando. Coge la porra con una mano mientras se golpea sobre la palma de la otra.
L: Así que has sido malo y te voy a tener que castigar. Quítate la ropa.
La obedezco y me quedo en pelotas con una impresionante erección. Se pone a contonearse moviendo la porra entre sus pechos, lamiéndola y pasándosela por su entrepierna como masturbándose. Se acerca sensualmente hacia mí pasando la porra suavemente sobre mi cuerpo. Se quita la ropa interior y se mete la porra en el chocho masturbándose. Me la acerca a la boca y la chupo y se la vuelve a meter. Después se la saca y se sube a horcajadas sobre mi, se agacha poniéndome las tetas en la cara. Aprovecho y empiezo a saborearlas. Pone la porra sobre mi cabeza y me pide que la coja. Lo hago, ahora estamos los dos cogidos a la porra. La va estirando sobre mi cabeza mientras yo disfruto de sus tetas. En un movimiento rápido me pone las esposas atándome al cabecero de la cama. Me quedo sorprendido al tiempo que muy excitado.
L: De esta no te escapas chico malo.
Esto cada vez se pone más interesante, pero al mismo tiempo siento un poco de miedo ya que no sé donde me he metido. Vuelve a pasarme la porra suavemente por todo el cuerpo para detenerse en mi pene erecto que lo golpea suavemente varias veces.
L: Esto me lo vas a tener que dar.
Se sube sobre mi agarrándose de mis manos atadas y me pone todo su coño en mi boca.
L: Esto te lo vas a comer si no quieres que te castigue más.
Obedezco y empiezo a comerle todo el coño. Ella está también muy caliente y no tardan en emanar flujos que voy saboreando. Tal y como voy lamiendo su clítoris y metiéndole la lengua ella va moviéndose sobre mi cara, colaborando al roce. De repente se aparta y empieza a chupármela, mete la cabeza entre mis piernas y empieza a comerme los huevos. Tras un rato así, se pone de cuclillas sobre mí metiéndose poco a poco mi polla. Empieza un suave movimiento arriba y abajo sobre la parte superior de la misma. Cuando ya está preparada se deja caer toda sobre mi polla metiéndosela toda dentro hasta el fondo soltando un fuerte gemido. Continua en esa posición un buen rato, mientras yo estoy disfrutando, pero cada vez la noto más y estoy a punto. Ella lo nota y cambia de postura. Se abalanza sobre mi cogiéndose a mis manos esposadas y dejándome sus pechos en mi cara que empiezo a saborear. Mientras me monta va golpeándome con su pechos la cara y yo con la lengua intentando atrapar un pezón. Finalmente lo atrapo y cambia el ritmo para que me deleite chupándolo, cosa que a ella también le gusta viendo como me mira. Le digo que estoy a punto y vuelve a acelerar el ritmo. Finalmente me corro dentro de ella, que lo nota y empieza a hacer movimientos de cadera sobre mi para al poco terminar en un orgasmo con gemidos varios. Se deja caer sobre mi y finalmente me quita las esposas. Aprovecho para acariciarle todo el cuerpo, poniendo énfasis en sus pechos y su trasero desnudos que no había podido tocar hasta ahora.
L: Puff, pues no ha estado mal, ¿no?
Y: Ha sido una gozada. Primero me asustaste con las esposas y la porra, pero después me has puesto a mil.
L: ¿Nos damos una ducha?
Nos metemos los dos en la ducha donde aprovechamos para besarnos, y meternos mano acariciándonos todos los rincones de nuestros cuerpos.
Me visto y me despido de ella. Eso sí, pensando en lo último que me ha dicho.
L: A la próxima dejaré que me pongas las esposas tú a mi y me hagas lo que quieras.
