Vivo en una calle de adosados y al ser poca gente casi todos nos conocemos, menos unas pocas parejas jóvenes la mayoría hemos vivido ahí casi siempre. Yo soy el que estuvo fuera unos cuantos años, pero aún así me conocen casi todos.
Un domingo por la mañana a eso de las nueve, estaba haciendo chapuzas en la cochera, llaman al timbre. Salgo directamente a la puerta y está mi vecina, "María"
M: Buenos días Manmar, no quiero molestarte, pero tengo un problema en casa. Me salta la luz y temo que se me estropee lo del frigorífico. ¿Tú puedes echarle un vistazo para pasar el día y mañana ya llamo a alguien? Si estas ocupado no pasa nada.
Y: No hay ningún problema, ahora cojo algo de herramienta y voy.
María es una vecina que ahora tendrá poco más de 60 años. De jovencito era mi "crush", como dicen ahora. Cuando yo tenía 14 años, junto a su marido, recién casados, compraron un adosado enfrente del de mis padres. A todos los chavales de la calle nos tenía alucinados. Tendría ella por aquel entonces unos 26 o 27 años y estaba que reventaba de buena. Tenía unos pechos hermosos y un culo impresionante con una melena negra rizada y carita de ángel. Era la primera mujer despampanante que veíamos en nuestra calle y además vestía apretada marcando su cuerpo, cosa que tampoco habíamos visto sino en el televisor. Los chavales nos pasábamos por los patios de una casa a otra para ver su lencería ya que nos daba morbo ver esos conjuntos que colgaba que en nuestras casas nunca habíamos visto. Yo desde mi ventana podía ver su salón y su habitación. Hice creer a mis padres que me había aficionado a la astronomía para que me compraran un telescopio de esos de juguete que no llega a más de 200 metros, pero a mi me sobraba. Creo que nunca apuntó al cielo, la única estrella que miraba era a María. En una de nuestras excursiones por los patios nos retamos a ver quien se llevaba unas bragas o sostén de María. Saltamos y cuando estábamos en su patio oímos el ruido de la puerta, nos habían pillado, echamos a correr yo aprovechando el barullo aproveché a coger una de esas bragas que tanto nos ponían. Fui el último en llegar a la valla y justo cuando iba a saltar me gritó María desde detrás:
M: Manmar, no saltes, sal por la puerta que todavía te harás daño. Ven aquí. He visto que te metías algo en el bolsillo. ¿Qué es? ¿Qué me habéis robado? - Yo todo rojo sin saber que hacer.
Y: Nada, no tengo nada.
M: O lo sacas tu o lo saco yo y llamo a tus padres.
Meto mi mano en el bolsillo y saco una de sus bragas.
Y: Esto. Yo no quería, pero era un reto.
M: ¿Seguro que no querías? Quédatelas y gana el reto y disfrútalas. - mientras se reía-
La de veces que me pajeé con esas bragas mirándola cuando se cambiaba con mi telescopio. Pero en fin, de eso han pasado muchos años, su marido falleció hace unos años y sus hijos viven fuera.
Total, que cojo mis herramientas y voy a casa de María, esa que tantas veces había observado. Me explica lo que pasa y me pongo a buscar la avería. Tras unas cuantas pruebas y irse la luz varias veces encuentro el fallo.
Y: Bueno María ya está localizado el problema, ahora ya no te saltará la luz. Tienes el lavavajillas estropeado y te hace saltar el diferencial de cabecera. Te lo he desconectado y ya mañana buscas alguien que te lo repare o te compras otro, yo esto no tengo materiales para repararlo.
M: Muchas gracias. ¿Qué te debo?
Y: Nada, si no ha sido nada, además para eso están los vecinos.
M: Pues al menos siéntate y nos tomamos un chocolate con churros que he comprado hace un rato.
Y: Vale, eso si que lo acepto.
Me siento a desayunar con ella y nos ponemos a hablar de nuestras vidas en el barrio. Le comento que me separé y por eso volví al barrio. Ella me explica que sus hijos ya se han hecho mayores y se han ido a vivir fuera, que su marido falleció hace unos años. Empezamos a hablar de cuando llegaron al barrio, anécdotas y total que recordando cosas, me suelta:
M: Ay, también me acuerdo cuando eráis unos adolescentes y os pillé saltando a mi patio. Todos huyeron menos tú. Recuerdo que me robaste algo. ¿Qué era, un sujetador?
Y: Unas bragas.
M: Ah, si y finalmente dejé que te las llevaras, seguro que le sacaste más provecho tu que yo.
Automáticamente me puse todo rojo al oír esas palabras de ella.
M: Es normal, adolescentes y ver a una mujer que no llega a los treinta y que estaba de muy buen ver. Porque entonces estaba buena, ahora ya han pasado los años y mira.
Y: Pues si continúas estando preciosa. Ya quisieran la mayoría estar de buenas como tú a tu edad.- La verdad que para la edad que tiene es toda una señora apetecible un poco más gruesa que antes y los pechos un poco caídos pero de muy buen ver.
M: Seguro te hiciste muchas pajas con ella. - Me vuelvo a sonrojar - Que no pasa nada es normal. Cuéntamelo que así al menos yo también fantaseo, que a mi edad y en mi situación poca cosa más puedo hacer.
Me pongo a contarle mis aventuras mirándola. Le explico que de joven la tenía como mi ídolo sexual. Que la miraba con mi telescopio cuando en verano limpiaba el salón en ropa interior, cuando se cambiaba en la habitación, que algunas veces lograba verle las tetas y que algunas noches me quedaba con la luz apagada y miraba su silueta mientras le comía la polla o follaba con su marido pensando que era yo y me pajeaba con sus bragas, que nunca llegué a verle el coñito que tanto deseaba. Solo explicándoselo empiezo a sufrir una erección y mis bermudas no ayudan a disimularla, y yo todo sonrojado por la situación.
M: Te has emocionado contándomelo. Veo que te traigo buenos recuerdos. Pero ahora ya han pasado los años y mi cuerpo ya no es lo que era.
Y: Que va María, si continúas estando buenísima. Seguro que allí por donde vas todos los hombres van girándose a tu paso. A mí continúas poniéndome, solo hay que verlo.
M: Pues si es así habrá que solucionar tu fantasía de adolescente y yo llevo ya unos años sola y sin probar nada mas que mis juguetitos - me dice mientras apoya su mano sobre mi entrepierna y empieza a acariciar mi pene erecto, lo saca y empieza a pajearme. Se levanta y se quita las bragas y me las pone alrededor del pene y vuelve a masturbarme -
M: ¿Así hacías con mis bragas? - mientras abre sus piernas para que pueda ver su coño -
M: ¿Esto es lo que querías ver? - y mientras con una mano y sus bragas me pajea, con la otra empieza a tocarse con dos dedos el clítoris. No puedo creerme lo que me está pasando, mi ídolo sexual de la adolescencia pajeándome. Tras un buen rato en ello, se levanta y se quita el vestido, quedándose sólo con el sujetador y me quedo mirando esos grandes pechos, recordando la de veces que los miré.
M: ¿Así los veías? - y vuelve a pajearme con sus bragas combinándolo con sus pechos, haciéndome como una cubana por debajo del sujetador. Estoy disfrutando cada momento y empieza a chupármela. Continúa un buen rato así hasta que no puedo más, lo nota y me mira y cuando estoy a punto, se la saca de la boca y se la dirige hacia sus pechos, recibiendo toda mi eyaculación sobre ellos. Se limpia y me dice:
M: Ven conmigo y verás desde dentro esa habitación que tan bien conoces. - La sigo hasta su habitación y se tumba en la cama y me pide que me quite la ropa.
M: Ven y realiza todo lo que soñaste.
Me quito la ropa, me pongo junto a ella y le quito el sostén para poder empezar a saborear esos pechos que tantos años anhelé. Los disfruto con locura con cada lamida y a ella parece gustarle, aprovecho y empiezo a meterle la mano en su entrepierna y empiezo a masturbarla. Ella empieza a gemir, cambio de postura y meto mi cabeza entre sus piernas y empiezo a comerle su coño que empieza rápidamente a lubricarse. Me incorporo sobre ella y empiezo a meterle mi polla que entra suavemente en su coño todo lubricado y empiezo a embestirla. Ella abre su mesita y saca un satisfyer y se lo acerca al clítoris. Mientras yo la follo se va dando placer con el aparatito. Después de unos buenos minutos así empiezo a notar más presión sobre mi polla, parece que está a punto de correrse. Aumento el ritmo ya que a mí también me falta poco y empiezo a notar sus convulsiones de cadera y sus gemidos llegan a su punto álgido corriéndose. Continuo un poco más mientras noto que ella fuerza con su vagina la presión sobre mi polla para finalmente correrme dentro de ella. Exhausto me dejo caer en la cama junto a ella.
Y: Treinta y cinco años esperando esto.
M: Al menos lo has disfrutado, ¿no? ¿Ha valido la pena?
Y: Por supuesto, ha sido todo un placer.
Al momento me meto en el baño y me ducho y ella también. Empezamos a vestirnos y se oye el timbre.
M: Ay, casi se me olvida, que hoy venían mis hijos a comer. Casi nos pillan.
Abre la puerta y es su hija Pilar, que tendrá unos treinta y cinco. No la veía desde que era muy pequeña y ahora era toda una mujer despampanante, con un cuerpo bien heredado de su madre. La miro de arriba a abajo, la saludo y aprovecho para irme antes de que mi mente calenturienta empiece a fantasear más cosas.
Y: Bueno María, ya lo tienes arreglado de momento, me marcho.
M: Muchas gracias. Menos mal que todavía hay vecinos como tú que me pueden arreglar cualquier cosa. Si tengo alguna otra urgencia te llamaré y si necesitas cualquier cosa no dudes en llamar a mi puerta.
