Ficción
7 ago. 2018


El miércoles pasado, estaba mirando por la ventana cuando vi a la enfermera dental del pueblo caminando por el aparcamiento con un hombre que sabía que no era su marido. Parecía molesta, así que pensé que podría ser el héroe que fuera a salvarla y comprobar que estaba bien.

Mientras caminaba hacia ellos, me dieron la sorpresa de mi vida. Tracey, de unos 40 años, rubia, con buenas tetas y culo, muy guapa, con dos hijos, pero un poco gordita, no llevaba pantalones de uniforme, solo la bata, medias y tacones altos. ¡No era para nada su atuendo habitual! Le pregunté si todo estaba bien y el hombre, Gary, dijo que estaba bien, que solo buscaba un poco de diversión y que eso era lo que le iba a dar. Tracey parecía muy avergonzada. Le pregunté si estaba bien y dijo que sí. Yo solo quería montarme en el coche e irme.

Gary me preguntó que por qué tenía tanta prisa. "Parece que tú amigo está tan cachondo como yo." Me di cuenta de que tenía una erección que me delataba. Tracey le pidió que me dejara en paz, pero Gary me preguntó que de dónde venía. Le explique que mi casa daba al aparcamiento y que había visto a Tracey y parecía un poco molesta. Respondió con una mirada lasciva. Eres lo suficientemente mayor como para ser su padre. Gary dijo: "Vamos a casa de Robbie (yo) en vez de al coche." Tracey dijo que sería mejor que nos diéramos prisa o vendría más gente al aparcamiento.

Les mostré el camino y condujimos a Tracey primero por las escaleras. Las medias no le cubrían el culo. Nos sentamos en el salón y Tracey se disculpó porque ese no era su comportamiento habitual, pero Gary tenía un efecto en ella que siempre conseguía que hiciera todo lo que quería. Resulta que habían estado follando durante un año. Él dijo que era su puta y que le gustaba follársela cada vez que estaba en el pueblo.

Gary le ordenó a Tracey que se quitara la bata y esta desveló el mejor par de tetas que había visto en años, sostenidas con una especie de corsé. "Sácatelas y enséñaselas a Robbie", —dijo Gary. Ella obedeció sumisamente y me permitieron que las chupara. Entonces, Gary le ordenó que sacara mi polla y que me chupara hasta que me corriera. Tengo 65 años y allí estaba chupándomela una chica rubia de unos 40 años que conocía durante años y a la que había visto y hablado (y con la que me había pajeado alguna vez) chupándomela. A decir verdad, me corrí en 3-4 minutos. Se tragó toda mi corrida y me chupó la polla hasta dejarla limpia. Entonces, Gary se sacó la polla y yo pude ver por qué estaba bajo su control. Tenía una polla gorda de unos 18 cm. Se parecía a un bote de desodorante que venden en mi tienda. Le chupó la polla y las pelotas y, después, de giró y se abrió de piernas.

Vi cómo se la metía haciendo que se abriera por completo y dándole embestidas fuertes y rápidas. Ella gemía extasiada mientras esa polla dura y gorda le embestía. Yo me estaba empezando a empalmar de nuevo. Gary se dio cuenta y le ordenó a Tracey que me la volviera a chupar. Yo estaba en las nubes. No me empalmé por completo, pero lo disfruté igual. Gary gimió y llenó a Tracey con su corrida. Le dio un azote en el culo, le dio las gracias y se despidió.

Después de abrochó la cremallera y se marchó, tal cual. Tracey y yo nos quedamos en silencio. Ella parecía avergonzada y yo parecía satisfecho con lo ocurrido. Dije que eso había sido diferente. Ella comenzó a llorar y dijo que sentía su comportamiento y que si sería tan amable de mantenerlo en secreto. ¿Qué podía decir?

Por supuesto que lo mantendría en secreto. Le pregunté si quería un vaso de agua y me dirigí a la cocina a por una bebida.

Ella me siguió y se sentó en la mesa. Todavía no se había puesto el uniforme. Me explicó que Gary tenía la reputación de follarse a todas las esposas en la zona donde ella vivía (ahora él se había mudado a otro pueblo) y le había dicho al dentista con el que trabajaba que siempre pensó que era una mujer fría y frígida. El dentista le dijo lo contrario, que era una ninfómana sedienta de sexo. Era una broma, pero eso hizo que Gary diera el primer paso y a ella le gustaba. Pero no se dio cuenta de toda la influencia que Gary tenía en ella. Gary era capaz de hacerla recorrerse desnuda el aparcamiento desde donde ella trabajaba (unos 45 metros). También había hecho que condujera hasta un bosque cercano y hacerle esperar a que llegara vestida solo con unas medias y un sujetador, hasta que él llegaba y se la follaba a la hora de la cena.

También había hecho que se la chupara en los aseos del dentista mientras que su marido estaba en la sala de espera. Estaba completamente dominada.

En esos momento, yo me había vuelto a empalmar y no pude esconder mi excitación. Ella se dio cuenta y sonrió. Yo le conté las veces que me había hecho pajas pensando en ella y que por fin había cumplido mi fantasía de que me la chupara. Cuando le dije eso, me desabrochó la cremallera y comenzó a chuparme con ganas. Le dije que quería follarla y la conduje hasta mi habitación. Yo me desnudé y me acosté, y ella se colocó en forma de 69. No fue lo ideal, ya que no quería chuparle el coño después de que Gary se hubiera corrido dentro. Ella se dio cuenta y me dijo que le chupara la corrida o que no follaría. ¿Qué más podía hacer? Me la comí como si no hubiera mañana. Hasta conseguí que se corriera. Tras 5 minutos, se giró y se colocó sobre mí. Me montó como una fiera, cabalgando sobre mi polla. No pude aguantar más y le dije que me iba a correr. Ella también se corrió y se desplomó en mi pecho. Como vivir en el paraíso.

Nos quedamos tumbados durante quince minutos hasta que ella se levantó y preguntó dónde estaba el baño, porque necesitaba limpiarse. Yo me vestí y la esperé en la cocina. Tras unos 10 minutos, regresó a la cocina con el uniforme puesto, peinada y maquillada perfectamente y me pidió otro vaso de agua. Me dijo que tenía que volver al trabajo y me pidió por favor que mantuviera el secreto entre nosotros. Le pregunté que si se volvería a repetir y me contestó que ya había cumplido mi fantasía, pero que sí, que le había gustado y que le gustaría quedar de nuevo. Yo le dije que había cumplido dos fantasías, pero que tenía muchas más. Ella tenía tres orificios y solo había probado dos de ellos. Esperaba una reprimenda, pero se acercó, me besó en los labios y me dijo que era viejo sucio.

Le dije que tenía una gabardina de viejo, por si quería llevarla. ¡Me dijo que ser follada por un viejo verde siempre había sido una de sus fantasías! Y, así, se marchó.

Me senté durante una hora y reflexioné sobre lo que acababa de pasar. Fui al aseo con otra erección, ¿cómo se supone que iba a mear ahora? En el aseo se había dejado las medias de encaje con una nota que decía gracias.