Hecho real
7 ago. 2018


Cuando les hice un presupuesto a unos amigos para pintar su casa, no me imaginaba que podría hacer realidad mi fantasía. Nunca antes había conocido a Rachel, cuando llegué a su casa para darle una capa de pintura a su fachada. Le di el presupuesto por teléfono. Me hizo un café y me dijo que me prepararía un lugar para comer cuando volviera de trabajar a las 12. Era sábado y estaba haciendo unas horas extra. Se fue al banco en su uniforme corporativo.

Comencé a tener esta fantasía hace tres años, cuando me senté a comer y escuché a una pareja joven dándolo todo en el otro piso, mientras yo me empalmaba. Le guiñé al chaval conforme se iba, y me fui a un lugar tranquilo a vaciarme.

En fin, me maté a trabajar y ya estaba casi todo pintado cuando Rachel volvió. Dijo que necesitaba una ducha rápida y que podría el agua a hervir cuando hubiera acabado de ducharse. Ya me habían dado unas punzadas al ver las sábanas de leopardo por la ventana y el espejo colocado tras la cama. Cuando me senté en el salón, Rachel se había puesto una camisa a rayas y una falda; estaba estupenda. Medía alrededor de 1,6 metros, era morena, tenía 31 años y parecía que iba al gimnasio. Yo tenía la misma edad (hace dos años), también me gustaba ir al gimnasio y me había quitado las canas y llevaba un pantalón corto y una camiseta.

Rachel sirvió una comida ligera, se sentó en frente de mí y comenzamos a charlar. Comenzamos a hablar sobre chorradas y pronto empezamos a hablar sobre nuestras vidas y nuestras decepcionantes experiencias sexuales del momento. Rachel me preguntó abiertamente sobre mis fantasias sexuales y le dije con total honestidad que la mía se estaba cumpliendo hoy. Me miró a los ojos y me pidió que le explicara por qué.

Le dije que siempre había querido hacerle un trabajo a una mujer sexy y acabar con ella en la cama. Creo que pensaría que me iba a hacer una paja cuando me excusé para ir al baño, pero regresé limpio y empalmado unos minutos después. Sus ojos recorrían mi erección curvada hacia mi cuerpo, mientras me decía que había leído en una revista que esa era la mejor forma para que una mujer tuviera un orgasmo durante relaciones sexuales.

Mientras la llevaba a la habitación, le pregunté cuál era su fantasía; me respondió que un hombre en uniforme, a lo que le respondía que yo llevaba dos. Estaba libre hasta las 6, cuando comenzaba mi segundo trabajo.

Fue entonces cuando se me abalanzó. Me comió la boca y me agarró las pelotas con la mano frente al espejo. Podía ver perfectamente cómo me pajeaba y chupaba hasta que tuve el mejor orgasmo de vida. No me dejó escapar hasta que solté la última gota y, por primera vez en mucho tiempo, yo quería más. La tumbé en la cama y le comí de nuevo la boca, mientras le metía los dedos por ese pedazo de coño. Notaba cómo me volvía a empalmar y le dije que quería hacer un 69 sobre ella. Era el día de cumplir nuestras fantasías, por lo que no se pudo negar.

Tenía un coño y un culo increíbles, y me ordenaba en todo momento donde chuparle y acariciarle. Cuando comencé a acariciarle dudoso el ano, se chupó un dedo y lo introdujo en mí. La sorpresa me dio una descarga de placer, pero noté que ella no me dejaría hacer lo mismo. Le cogió manía a los anales, cuando uno de sus exnovios que la tenía pequeña solo se podía correr en su culo.

Se dio cuenta de que me estaba gustando, pero me soltó, se puso a cuatro patas y enterró la cabeza entre las almohadas. Sin dudarlo dos veces, comencé a embestirla. Comenzó a contonearse y su culo me pedía que la follara más fuerte. Como ya me había corrido una vez, estaba disfrutándolo como nunca. Con una mano le agarraba las tetas, mientras que con la otra jugaba con su clítoris. Comenzó a gemir más profundamente mientras le llegaba el primer orgasmo. Me dijo que mi polla curvada estaba tocando los puntos clave, por lo que la giré y la penetré en una posición más tradicional. Tras unos instantes se volvió a correr. Su coño se estrechó y eso hizo que me corriera una segunda vez. Me desplomé a su lado y Rachel me la chupó hasta dejármela bien limpia. Le dije que yo quería hacer lo mismo. Le limpié parte de la corrida que le había dejado.

Nos sentamos, fumamos y hablamos (en ese momento me contó la historia sobre el sexo anal, no es lo mío así que genial por mi parte). Cuando iba a irme, me preguntó si me estaba a punto de correr cuando me metió un dedo en el culo. Joder, que si lo estaba. Tras mi afirmación, se puso de rodillas, me comió las pelotas, el ano y me metió los dedos hasta que encontró mi punto g. Cuando solté la corrida, nunca antes había gemido tanto de placer.

Nos vemos cada cierto tiempo y me traigo el uniforme para hacer juegos de roles. Le encanta que la folle, pero eso no es lo mejor. Conforme me iba, me dejó una buena propina en el bolsillo. Todo un lujo para mi ego. Volví a ir de nuevo.

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