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El Baño de Luna

"(Primera parte de nuestros amigos Holandeses)"

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Esta historia ocurrió, ya hace unos años, fue en verano y por ello la voy a contar ahora que acompaña el tiempo y antes de que se termine el actual. Me encontraba en plan mochilero visitando Barcelona, cuando… ¡uy perdón, esa historia es de otra cosa!

 

Bien, comienzo de nuevo. Estábamos por la zona de Guardamar del Segura, en una especie de apartahotel situado casi a pie de playa, pero alejado de la zona urbana. Pasábamos unos pocos días de vacaciones relajándonos todo lo que podíamos.

 

El sitio estaba bien. La habitación tenía su saloncito, con cocina americana y una amplia terraza con hamacas donde tomar el sol. Se trataba de un complejo turístico, con esa especie de apartamentos, asociados a un Hotel, que era donde se albergaba el restaurante, la piscina y demás zonas de ocio. Era una escapada con mi pareja, a la que me referiré como “N”. Os la podría describir, ¡lo que ocurre es que no puedo ser objetivo! A grandes rasgos y en lo más significativo para este relato, diré que es rubia (de las de verdad), piel clarita, menudita, aunque tiene buen culo y buenos pechos y con carita dulce, aunque en ciertas situaciones, se le pone cara de diablesa.

 

Serían como las doce de la mañana. Estábamos tumbados en las hamacas de la zona de la piscina, yo trataba de concentrarme en un libro y “N” un poco adormecida disfrutando del calorcito del sol.

 

Hubo un momento en que paso por nuestro lado una pareja de unos treinta y pocos años formada por una chica de aspecto nórdico, alta, rubia, no diría que guapa pero sí atractiva, y atlética, junto a un chico muy moreno, europeo pero con algún rasgo afro, también muy alto y fibroso, ¡hay que reconocerlo! Iban hacia las escaleras de la piscina. Se metieron en el agua, nadaron un poco y al descansar ella le echo los brazos por el cuello y empezó a darle besitos cariñosos, en la boca y en el cuello. El chico, le correspondía, acariciándole el pelo, susurrándole algo al oído, y dándole algunos besitos en la cara. Cuando salieron del agua, me reí para mis adentros, porque el chico iba intentando colocarse disimuladamente la entrepierna. Pasaron otra vez por nuestro lado para recoger unas toallas y volvieron al margen de la piscina para tumbarse en ellas a secarse al aire.

 

Sorpresivamente, “N” se había incorporado de la hamaca y aunque empezó a darse crema en los brazos, me pareció que lo que hacía era no quitarles ojo, aunque no lo puedo asegurar porque llevaba puestas sus gafas de sol.

En un momento me dijo que tenía calor y que se iba a dar un baño. Se metió en el agua, nado un par de largos y se apoyó en el borde de la piscina, cerca de donde estaba aquella pareja, que continuaban tan acaramelados como lo habían estado dentro de la piscina.

 

Yo me levante y me metí también en el agua. Me acerqué por detrás de “N”, rodeándola con los brazos, le dí un besito en la carita y le dije “Hola, ¿qué haces aquí parada?”, me contestó, en voz baja, que observando a aquella pareja, que el chico le recordaba un montón a uno de los protagonista de una serie que veía ella, que se llamaba “Mentes criminales”. Le dije, “¿cuál el que te mola?”, me respondió, con un poco de retintín “nooo, a mí solo me molas tú, tontín!”, a la vez que giraba la cabeza y me daba un beso en la boca. La aparte el pelo y la bese en el cuello y ella rebozó aposta su culito con mi bañador. Se dio la vuelta y echándome los brazos por el cuello, se colgó de mi con sus piernas, dándome besitos tiernos. Con una sonrisa malévola me dijo “Bueno, yo mejor me salgo ya” y me dejó allí sin poder acompañarla en ese momento, por lo que me dedique a nadar para relajarme.

 

Aquella mañana, no pasó nada más que resaltar. Luego comimos, fuimos por la tarde a la playa y al volver, ya un poco tarde, me quise quedar un poco en la piscina para nadar, aprovechando que a esas horas estaba casi vacía. Lo mismo estaba haciendo el chico de por la mañana. Descansando entre tandas de largos de piscina, surgió un poco la conversación. Pero fue cuando cerraron la piscina y seguíamos el mismo camino a los alojamientos que me contó que se llamaba Thomas, era holandés, de treinta y tantos, estaba con su pareja Saar; habían llegado esa misma mañana en una escapada de tres días.

 

Cuando llegue al apartamento “N” ya se había duchado y se estaba preparando para ir a cenar, yo hice lo propio. Pasado un rato, salimos a cenar al restaurante del Hotel, Yo iba con vaqueros y camisa y “N” se habían puesto un vestido ligero y veraniego, que le permitía lucir los hombros y las piernas tan morenitas que había conseguido aquellos días de tomar el Sol. Llevaba unas sandalias con cuña alta que no solo la hacían más alta, sino que le levantaban ese culito tan gracioso que tiene. ¡Muy guapa, como siempre!

 

Cuando llegamos al restaurante de la zona de Hotel, Thomas y su pareja, estaban cenando allí. Nos sentamos en la mesa de al lado, simplemente porque estaba libre y bien situada para ver el escenario, en donde después estaba programado un espectáculo, como casi todas las noches. Hice un gesto a modo de saludo a Thomas, que él me devolvió, y como “N” se percató pues ya le conté que le había conocido al volver de la piscina.

Cuando debieron de terminar de cenar, la chica se levantó, le dio un beso cariñoso y se marchó, Thomas, se quedó sentado degustando el típico chupito de cortesía que le habían puesto después de cenar.

 

Al acabar, a nosotros también nos ofrecieron un licorcillo para bajar la cena. Un limoncello y una crema de orujo. Mire a Thomas, y le pregunté de manera casual ¿Te has quedado solo?, giró un poco la silla y echándose hacía donde estábamos, nos comentó, “Sí, es que Saar tiene que regresar a primera hora una reunión de trabajo por Zoom, y se ha ido a dormir, yo me iré en breve”. Le pregunté si no quería ver la actuación de música en vivo que ofrecía el Hotel esa noche, y le ofrecí que se sentase con nosotros si le apetecía, a lo cual accedió.

 

Thomas se sentó en nuestra mesa y le presenté a “N”, se dieron dos besos y empezamos a hablar sobre nuestras respectivas vidas, acabando de presentarnos. La conversación con Thomas, a pesar de la diferente nacionalidad, resultó muy fluida y fácil. Resultó que llevaba toda la vida veraneando en España, incluso su familia tenía una casa familiar en Javea, pero se habían escapado a Guardamar, él y Saar para tener intimidad. Pudimos hablar con él de todo, porque conocía perfectamente las costumbres españolas, su actualidad y hasta había vivido durante su juventud las mismas situaciones y compartido los mismos gustos que nosotros. También nos contaba las diferencias con la vida en Países Bajos, cuya comparativa resultaba graciosa e interesante. También es verdad, que contribuyeron a ello, los licores y las copas que nos tomamos durante aquella velada de música, y, también que tanto Thomas como “N” se habían hecho gracia mutuamente y eso les incitaba a hablar, a escucharse con atención, y a bromear bastante.

 

Terminó la actuación y nos indicaron que fuéramos terminando nuestras consumiciones porque iban a cerrar el restaurante. Salimos a la calle y como ninguno tenía sueño y la noche era cojonuda, decidimos continuar la velada dando un paseíto nocturno por la playa.

 

Para abreviar y como es fácil de imaginar para cualquiera que haya paseado por la playa con un par de copas o más a altas horas de la mañana, alguien, no recuerdo quien, propuso darse un baño. Sí recuerdo, que quien se lo tomó más en serio fue “N”, que aquella noche estaba envalentonada y que llegado un momento, dejó las sandalias que llevaba en la mano en el suelo y se sacó el vestido por la cabeza, quedándose en ropa interior. Luego parece que dudo un momento, y finalmente se soltó el sujetador, se bajó el tanguita que llevaba y salió corriendo a meterse en el agua.

 

Thomas, no lo dudo y arrojando sus ropas sobre la arena, corrió también adentro del mar. ¡El Holandés, iba anunciándose! Yo hice lo mismo y me metí al mar.

 

Estuvimos un buen ratito dentro, aunque el agua estaba un poco fresquita pese al calor del día y ser el mediterráneo. “N” alguna vez se dejaba llevar boca arriba y se le salían un poco los pezones del agua y como los tenía duros se le averiguaba perfectamente todo su contorno gracias a la luna grande, iluminada y evocada en el título de este relato. No sé si “N” era consciente de que se le veían los pechos perfectamente, pero en todo caso y por todo lo que hizo después no creo que le importara mucho. “N”, entonces quiso pillarme desprevenido y hacerme una aguadilla, yo me percaté la cogí por la cintura la levante un poco y la lance al agua de lado. Entonces, “N” se acercó por detrás de Thomas, poniéndole las manos sobre sus hombros e impulsándose para tratar de hacerle a él también una aguadilla. Thomas, no se dejó hundir, y “N” desistió de su intento y se dejó caer, rozándole los pechos por toda la espalda. De nuevo, lo intento ahora de frente, casi golpeándole la cara con sus tetas bamboleando con el impulso. Thomas, se dejó caer hacia atrás cayendo “N” encima de él y hundiéndose juntos dentro del agua. Aunque  tardaron unos segundos, sacaron las cabezas del agua y ambos se levantaron riéndose. Al salir del agua, pude observar que Thomas, no salía precisamente relajado.

 

Nos sentamos en la arena, a disfrutar de la libertad de la noche, las estrellas y del sonido del mar, “N” estaba situada en medio de los dos. “N” dijo que se le estaba cargando el cuello de mirar hacia arriba, por lo que se colocó con la cabeza en mi regazo y recogidita con el culito en dirección hacía Thomas, quien cada vez la miraba de manera menos disimulada. Yo me estaba poniendo en situación, lo que “N” notó y empezó a pasarme los dedos por los muslos y la cintura, rozándome el pene y los testículos cuando pasaba la mano. Cuando ya estaba totalmente erecto, se incorporó un poco y acercándosela a la boca empezó a masturbarme, a la vez que extendía su lengua hacía la punta.

 

Thomas, no podía dejar de mirar pero a la vez no sabía qué hacer, por lo que nos dijo “Mejor, yo os dejo y me vuelvo hacía el Hotel”, “N” dejó de lamerme y le dijo “Haz lo que te apetezca”, lo que todavía no sé, si lo dijo a modo de simple contestación o se trataba de una verdadera invitación formal. Thomas, le ocurrió igual, porque se quedó sentado allí parado sin saber cómo reaccionar.

 

En ese momento “N” se incorporó y se giró alzando su culito hacía mí, apoyándose sobre los codos y colocando los antebrazos en el muslo, de Thomas, creo que para evitar que se fuera.

Yo me incorporé y le pasé el pene por su vulva algo hinchada, sujetándome la punta junto a su perlita. Sus pechos todavía algo mojados del baño, se manchaban con la arena donde se rozaban. Thomas, permanecía totalmente empalmado sin poder quitarnos ojo.

Con cada embestida que le daba emitía gemiditos suaves y constantes, y se agarraba al muslo de Thomas, quien ya no podía evitar tocarse, lo cual se notaba que a “N” le ponía un montón porque estaba chorreando. Thomas, me contó más adelante que le estaba viendo la boquita entre abierta que ponía con cada gemido y que se estaba poniendo malísimo. Que fue durante un momento que yo paré para descansar, que la vio morderse el labio, mientras le miraba la polla y cuando se pasó la lengua por los labios, no pudo más y decidió participar.

 Se levantó y se puso de rodillas delante de “N”, y mientras se la ofrecía poniéndosela delante de la cara. “N”, se aproximó un poco y le rozó los labios por el glande. Thomas, estaba totalmente frenético, “N” se la cogió con la mano derecha y le dio un par de besitos en el glande, y a continuación un lametón con la lengua, para luego empezar a metérsela en la boca poco a poco hasta que no le cabía más, y empezó a hacerle una mamada fuerte pero con delicadeza, a la vez que soltaba pequeños gemiditos de placer con mis movimientos. Aunque, yo había bajado el ritmo ya que estaba intentando ver la escena.

Hubo un momento, que giró un poco la cabeza y la vi con los ojos cerrados, lamiendo y chupando aquella verga, ¡con tanto placer y dedicación!, viendo en sus mofletes como se llenaba la boca con ella, que no pude evitar el correrme; no sin tratar de darle unos buenos empujones finales para provocarle unos últimos gemidos.

“N”, seguía tan excitada que no quería estropeárselo y que se quedase a medias, por lo que le hice un gesto a Thomas para intercambiar nuestras posiciones; a lo que no se hizo de rogar lo más mínimo, por lo que creo que lo estaba deseando desde hacía un buen rato.

Yo me coloque delante y le ofrecí mi polla, que todavía estaba palpitante. Ella la agarró y empezó a juguetear con ella y me recogió con su lengua una gotita de semen que todavía caía, a la vez que puso una mirada viciosa, lo cual me puso de nuevo a mil. Pero lo que de verdad, me hizo activarme de nuevo, fue cuando Thomas le abría bien las nalgas y le metía la polla en su coñito empapado todo lo que podía, viendo que ella ponía los ojos en blanco del placer que le produjo.

 

En un momento dado empezó a meter unos gemidos de placer tan fuertes que le paralizaban, y permanecía jadeando con la punta de mi polla metida en su boquita abierta.

Yo estaba que no podía otra vez más, y él estaba igual dándole con intensidad y disfrutando con cada embestida.

 

Empecé a notar que  “N” me succionaba como si se estuviera tomando un biberón, y a emitir gemidos sordos y largos con los ojos en blanco de placer, estaba llegando y yo no pude más que volverme a correr, esta vez dentro de esa boquita maravillosa. En cierto modo, correspondí a la metáfora de esa fantástica manera de darme placer.

 

Thomas, también lo notó y empezó a subir el ritmo para llegar el también, dándole muy buenos puyazos. “N” sin sacarse mi polla de su boca empezó a dar resoplidos con cada empujón de Thomas, hasta que ya no pudo más y se la apartó, dando unos gritos de placer que seguro que nos tuvo que oír cualquiera que estuviera por los alrededores. Enseguida empezó a soltar unos pocos últimos gemidos fuertes, como hacia dentro, señal de que estaba finalizando aquel enorme orgasmo.

 

 A Thomas también se le notaba que había llegado, y sea apretaba lo que podía al culo de “N” dando unos últimos espasmos e intentando aprovechar lo posible por permanecer lo más adentro de su fantástico coñito, hasta que ambos cayeron derrumbados sobre la arena con la cabeza de “N” sobre mi pierna, dando todavía algunos soplidos de agotamiento.

 

Allí permanecimos un rato todavía, tumbados sobre la arena y descansando. Hasta que cogimos fuerzas para levantarnos y tras vestirnos, nos fuimos hacia el Hotel. Casi no hablamos, durante el trayecto, solamente Thomas dijo para romper el hielo  “pues se ha quedado una noche mucho mejor de lo que parecía” Al final nos despedimos de Thomas con un simple “hasta mañana, buenas noches”. Llegamos a la habitación y tras una buena ducha, caímos inmensamente dormidos.

 

Al día siguiente, bajamos a desayunar al restaurante del Hotel. En una mesa apartado estaba Thomas, hablando por teléfono, mientras intentaba desayunar. Nosotros nos pusimos en otra mesa un poco alejados, cogimos lo que nos apeteció del bufet libre, bastante, para recuperar fuerzas, y nos sentamos a desayunar

 

Vimos cómo se acababa su taza de desayuno y se dirigía hacia donde nosotros estábamos.

Buenos días, he hablado con Saar, y quiere conoceros cenando esta noche con vosotros, si os apetece.

 

Nosotros nos miramos el uno al otro y contestamos ambos a la vez.

¡Por qué no!

Publicado 
Escrito por Ninfa_y_Duende

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